Hugo Silva y María Valverde
LO QUE EL AMOR ESCONDE
Entrevistamos en exclusiva a los dos actores que más pasiones levantan

Mientras posan para nosotros, ríen, bailan y bromean entre ellos. Se nota que hay mucha química entre ambos por cómo se hablan, cómo se tocan y cómo se miran. Lo suyo es la interpretación y una muestra de ello es la película El Hombre de Arena. “No pienso quedarme aquí esperando a que el viento me borre, como si fuera un hombre de arena”, dice Mateo –el personaje de Hugo– en una secuencia. Estamos seguras de que con historias como ésta, ningún vendaval podrá borrar la huella de estos dos grandes actores.

Nos situamos a finales de los años 60: un trotamundos conoce a una joven maltratada... Y el final de la historia está en ‘El Hombre de Arena’. Contadme...
Hugo: Es una película muy romántica, una historia de héroes y de amor. Aunque aparentemente tenga un fondo bastante realista, para mí tiene una trama épica fundamental.
María: Es una especie de cuento en el que hay un micromundo, el hospital psiquiátrico, con las ilusiones y las no ilusiones de los internos.

¿Qué lleva a ‘Lola’ y ‘Mateo’ a entrar en ese psiquiátrico?
Hugo: Mateo no tiene ninguna patología. Hoy en día sería un tipo muy simpático, independiente, muy hippie... Pero en esa época no se podía ser un indigente que un día trabajaba aquí, otro allí... y al día siguiente no hacía nada. Realmente, ninguno de los dos personajes tienen un problema psíquico fuerte.
María: El personaje de Lola sufrió malos tratos por parte de su familia durante su infancia. Y debido a todo este sufrimiento, a los 14 años mató a sus padres en un ataque de furia. Por su edad, no la podían meter en la cárcel, así que entró en el centro. Y ahora, a los 18, sigue encerrada.

¿Cómo ha sido la preparación de vuestros personajes?
Hugo: Más que preparar nada, yo me he guiado por impulsos. Desde el principio, he tenido en cuenta que mi personaje es autodidacta. Él tiene mucha valentía, pero sufre porque es bueno y no comprende nada. Y me he dejado llevar por María.
María: Nos dejamos llevar por la vida de otra persona. En este caso, tuve muy presente todo el sufrimiento de Lola. Ella es pasiva, sólo tiene que acompañar a Mateo.
Hugo: Son dos personajes que sufren por la vida que han tenido.
María: Ambos se complementan a la perfección. Ella está falta de cariño y Mateo se lo da...

Hugo, en alguna secuencia de la cinta apareces con una camisa de fuerza. ¿Qué sensación da?
Hugo: Es muy fuerte. Me la tuve que poner dos veces y agobia bastante. Una camisa de fuerza no te tranquiliza ni te quita el estrés, sino que lo potencia y te pone más nervioso.
María: ¿Te sentiste muy impotente?
Hugo: Mucho. De repente eres como un animal amarrado... parece que dejas de ser humano.

La trama se desarrolla en una época histórica en la que se practicaba La Ley de vagos y maleantes. Algo que afecta al personaje de ‘Mateo’. Hugo, ¿cómo te has documentado?
Hugo:
Hablé con gente que había vivido esa época de cerca, como mis abuelos. Además, también me leí la ley, que no sólo habla de vagos y maleantes sino también de homosexuales, por ejemplo. Hasta especificaba el tipo de trabajo que tenían que hacer... Era una época en la que todo estaba reglamentado: si no tenías responsabilidades eras un vago o un maleante, y lo que se salía del control, tenía una pena: o ibas a la cárcel o a un centro especial