Revista Placet
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Empieza con un comentario expresado por él, en el que dice:
Mi refugio está dentro de mí mismo,,
Y otro más en el que dice: El no conformarse con las cosas y ser curioso es lo que más valoro del ser humano,,

Y a continuación un pie de foto en la que dice lo siguiente:

Hugo Silva
El 9 de Noviembre se estrena El hombre de Arena, primer papel protagonista de Hugo Silva en cine. Superviviente de Al Salir de Clase y de moda con Los Hombres de Paco, Hugo sigue la estela de éxito profesional.

Pl: ¿Qué tal el hombre de Arena, su primer papel protagonista en un largo?
HS: El personaje que interpreto, Mateo, es muy agradecido, y muy bonito de hacer. Supuso una lucha interna conmigo mismo para no tener el peso de la responsabilidad y poder jugar, buscar y divertirme, que es cuando conectas con el público y cuando éste disfruta de lo que haces. El ambiente que hubo con todo el equipo fue perfecto y se creó un clima familiar e íntimo muy positivo para la película que es.

Pl: Los locos de la película parecen locos de verdad.
Sí, eran actores de una compañía extremeña y lo hacían genial. Era divertidísimo cuando antes de una acción comenzaban a jugar con la ropa y con sus personajes. Daba la sensación de que sí estabas en un manicomio de los 60.

¿Qué es lo que le ha enseñado esta película?
Me ha acercado mucho a una época y también a los problemas psíquicos. Mi personaje no está loco, pero quise documentarme para saber cómo se trataban entonces algunas de estas patologías y fue duro descubrir el electroshock, las curas de sueño, etc. Y también me sirvió para conocer lo que era la dichosa ley de Vagos y Maleantes por las que algunas personas eran condenadas sólo por su orientación sexual o por vivir de manera diferente, sin trabajo o pareja estable, etc. Todo el mundo debía tener un compromiso con el Estado y si no, lo llevaba crudo.

¿Hay algún refugio para la locura?
Creo que estos refugios están dentro de uno mismo y no hace falta irse a ningún lado. Lo principal es tener conversaciones con uno mismo porque hay que escucharse más.

¿De qué habla Hugo consigo mismo?
Bueno, yo tengo muchas conversaciones, algunas son entre mis otros yo, entre Lucas, Mateo… es muy divertido.

¿Y no cuesta salir de uno y otro?
No, lo que sí intento es centrarme en un trabajo concreto, no mezclar dos a la vez, aunque a veces sea imposible. Lo disfrutas más cuando te puedes centrar en uno sólo, y esa suerte la tuve a la hora de hacer de Mateo en El hombre de Arena y de Lucas en Los hombres de Paco. Los dos son muy distintos, tienen diferente ritmo, peso, pensamiento…pero es lo bonito de este trabajo, cambiar de repente y volver a ser Hugo con todas las circunstancias. Es como cuando uno baila, que debe estar centrado en una coreografía, los pasos y la estética.

¿Cuesta mantener el refugio del que hablamos cuando se convierte uno en una persona popular y conocida?
Cuesta más que lo respeten. El tema de ser popular no es una cuestión, por lo menos en mi caso, de que uno se convierta en ello de la noche a la mañana. Se convierte en una opinión de la gente, de los demás. Yo intento que eso no me cambie y también trato de hacer las cosas que me gustan. Pero hay que tener paciencia sobre todo porque muchos, y lo digo por determinados medios y no por la gente de la calle, te pierden el respeto como individuo y ser humano.

Debe costar y sobre todo cuando ve que en Internet tiene una página de fans que hablan de usted como “un dios”.
Bueno (risas), creo que hay una edad “peligrosa”, en la que eres un adulto y aún así eres un niño o una niña, pero seguro que de aquí a tres años están pensando: “¡Vaya la locura que me dio con este hombre!” Son modas pasajeras. A mí también me ha pasado.

Díganos con quién.
Bueno me pasó una cosa curiosa con Juan Diego, que igual no lo sabe. Me costaba concentrarme porque siempre le había tenido en un pedestal y cuando le veía trabajando me decía a mí mismo: “¡Joder, lo que está haciendo este tío!”.Lo maravilloso de este hombre es que en cuanto nota cualquier tontería de este tipo empieza a acercarse a ti de forma muy directa y destensa y humaniza la historia invitándote a jugar en la actuación.

Antes decía que qué agradecido es su personaje Mateo. A todos nos gustaría ser él ¿verdad?
Es alguien maravilloso, un héroe, es la esencia buena del ser humano. Tiene ideales y principios que ha conseguido él solo siendo autodidacta. Y después me encantaba el inconformismo y la curiosidad, dos de las características más valiosas del ser humano y lo que nos hace progresar y seguir adelante.

¿Qué tiene de vago y maleante?
(Risas) ¡Muchísimo! ¡Si hubiera nacido en esa época habría estado metido y escondido en el trullo! No, cualquiera con curiosidad podría haber acabado encerrado en esa época. Se le habría tachado de vago y maleante.

Mateo mira al horizonte donde ve el mar y la libertad. ¿Qué ve usted cuando mira al horizonte?
Me quedo muchas veces atontado mirándolo, pero visualizo el pasado, el presente, y las personas que me rodean.

¿Qué le ha dado y qué le ha quitado el personaje de Lucas?
Me ha quitado mucho anonimato y tranquilidad y pequeñas libertades que en un momento dado pueden ser muy valiosas. Pero me ha dado mucha proyección de trabajo e interpretativamente he llegado a sitios con él donde no lo había conseguido con otros personajes por sus rasgos, lo extremo que es, su corazón, y por supuesto, por los compañeros, el equipo y los guionistas que tenemos. Es una serie muy entera. El equipo entero es un puntazo y por eso crezco con el personaje.

¿Tiene alguna anécdota de rodaje?
Bueno, en Salvaleón, un pueblo muy chiquitito, se armó un revuelo porque estaban María Valverde, Irene Visedo, ya se sabe, “los de la tele”, “los del cine” y tal y claro, José, el director necesitaba un perro, así que con una niña que pedía fotos, le propuso un cambio. “Yo te traigo una foto firmada por todos si me consigues traer al perro más feo del pueblo”. Resultó ser tan feo que lo llamamos Ébola. Era un perro muy cariñoso.
También pasó que creíamos que apenas tendríamos ruidos, pero resultó que los vecinos se volvían locos, que los perros ladraban, los caballos relinchaban y que los gorrinos de la cochiquera de al lado no paraban de gruñir y hacer ruidos ( risas).
Otra anécdota nos ocurrió cuando fuimos a rodar a un barco ruso amarrado en un muelle de Huelva. Había gente dentro que no podía salir de allí. Resulta que el dueño desapareció y se quedaron allí sin dinero y sin poder entrar en el país porque carecen de papeles. ¡Llevaban año y medio! Espero que a estas alturas hayan podido salir. Ellos estaban encantados de ver gente e incluso dos hicieron de guardias civiles figurantes en la película. De todos modos, fue muy fuerte ver sus caras y la situación que vivían.

¿Por qué tanto éxito entre el público femenino?
Creo que el que lo tiene de verdad es Lucas, no yo. A muchas chicas les gusta esa pose de macarrilla, echado para adelante y que a la vez tiene su lado tierno. No sé, a las niñas les gusta mucho.
FIN

(Ahora Hugo responde a una serie de preguntas rápidas )

María Valverde es…
Maravillosa, divertida; y como actriz, brutal e instintiva.
Mi último libro
Laura y Julio de Millás.
Me paso las horas muertas…
Mirando al techo.
En mi cabeza no caben…
Los malos rollos.
Sueño despierto con…
Soñar dormido.
Mi mayor locura fue…
Cambiar mi vida estable de electricista por estudiar teatro y poner copas. Pasé a ser feliz.
Echo de menos…
Meterme en el gentío y mirar a la gente a la cara sin que ésta cambie su actitud por haber visto “al de la tele”
Adoro…
Madrid, aunque a veces escape.
Mi límite es…
Ninguno, seguiré saciando mi curiosidad.

( Y para terminar, hay un pequeño texto sobre la película)

El hombre de Arena
Mateo (Hugo Silva) es un gaitero autodidacta, un espíritu libre que vaga de aquí para allá ganándose el pan. Su vida cambia cuando le aplican la Ley de Vagos y Maleantes de la época de la dictadura de Franco y es recluido en un Hospital Psiquiátrico extremeño junto con enfermos, borrachos, vagabundos y personas de toda condición. El director del centro, Burgos (Alberto Jiménez), preocupado en no dar problemas a sus superiores descuida a sus enfermos hasta el punto de hacer la vista gorda con los excesos que se comenten. Sólo Mateo es capaz de poner cordura en todo esto y lo hará respaldado por la Doctora Carmen ( Irene Visedo), empeñada en dotar de mejores servicios a los reclusos. Dentro de ese clima, Lola (María Valverde), una joven atormentada por los malos tratos sufridos, encuentra en Mateo su apoyo, su respaldo, su amor.